Qué hacer con el miedo que sientes en la crisis del coronavirus

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Qué hacer con el miedo que sientes en la crisis del coronavirus

La crisis del coronavirus está transformando nuestras vidas a pasos agigantados y todos, en mayor o menor medida, estamos conectando con el miedo. Miedo a nuestra propia muerte o a la de algún ser querido, a quedarnos sin trabajo, sin dinero, a que nada vuelva a ser como era… y un largo etc.

Nos pasamos la vida intentando huir de la incertidumbre y de la vulnerabilidad, y por eso nos encerramos en una zona de confort donde creamos una vida bastante previsible y esperable, aunque suframos estando dentro. Eso nos da seguridad de «lo conocido».

Pues bien todo esto acaba de saltar por los aires. Hemos salido de nuestra zona de confort y parece que después de esto va a ser difícil recuperarla porque se avecinan cambios. Ya simplemente vivir lo que estamos viviendo nos obliga a cambiar, a adaptarnos a las nuevas circunstancias.

Está saliendo desde nuestras profundidades un miedo, que puede ir desde un claro pánico, a rabia, irritabilidad, tristeza, desasosiego, desamparo y una sensación de vacío enorme.

Estamos todos conectando con nuestro niño interno que está asustado y se siente muy perdido. El problema es que, como adultos, nos exigimos no sentir miedo, intentamos evadirnos porque nos asusta esta sensación. Y, ante el miedo, nos sentimos culpables, nos machacamos o empezamos a ver cosas que nos molestan de los demás, a exigirles a los demás cosas para que nos sintamos mejor.

Pero no hay nada de lo que haga el otro que pueda calmar tu malestar más profundo. Estás solo ante tu miedo y eres el único que puede ayudarte en este proceso.

Qué hacer ante el miedo

No sirve decir que todo va a salir bien, no sabemos qué va a pasar, evidentemente tampoco sirve empezar a imaginar desastres ya que nos llevará a angustiarnos más. Ante el miedo necesitamos:

    1. Verlo, darle su espacio y su presencia. Esto permitirá que no salga por desbordamiento, en forma de irritabilidad, de depresión, de búsquedas para evadirse como adicciones, conductas compulsivas o pasarse el día enganchado a una pantalla.
    2. No etiquetarte por tener miedo. Esto no nos convierte en débiles, cobardes, incapaces de afrontar.
    3. Cuando empiezas a ser consciente de las etiquetas, de repente el miedo se convierte en una emoción que no te define. Sales del ser bueno o malo por sentir miedo y puedes mirarte de verdad. Más allá de esa emoción puedes conectar con la compasión y el amor.
    4. Esa es la mayor verdad, cuando estás asustado necesitas sentirte querido y apoyado. Y lo que sueles hacer de forma inconsciente es decirte «no debería estar sintiendo esto». Empiezas a sentirte culpable y a machacarte.
    5. La culpabilidad te deja sin energía, sin fuerzas, y lleva a la mente a ver la realidad desde callejones sin salida y desde una sensación de apatía. No hay solución. No asumes la responsabilidad de tu vida porque te sientes incapaz, sin fuerzas. Y esperas que algo de fuera, una pareja, un trabajo o la sociedad, te salve.
    6. Necesitas desactivar ese mecanismo que anula tu poder personal, basado en la culpabilidad y en esconder el miedo en una cajita y pasarte todo el tiempo haciendo presión encima para que no salga. Eso desgasta muchísimo.
    7. Cuando lo ves, te das cuenta de que por sentir miedo no eres ni mejor ni peor, te haces cargo de él, te amas y apoyas cuando más lo necesitas, empiezas a conectar con tu fuerza, creatividad, los callejones sin salida empiezan a despejarse. Se activa el pensamiento creativo y, aunque ves los problemas, también empiezas a ver soluciones. Y para los cambios que va a haber vas a necesitar toda la creatividad del mundo, capacidad de ver oportunidades en lugar de problemas y una gran capacidad de adaptación y transformación interna.

El diálogo interior podría ser este: «sientes miedo, te veo, estoy contigo y te voy a acompañar en este proceso sin presiones ni exigencias». Eso irá transformando poco a poco el miedo en amor y en fuerzas para llevar toda esta situación de la mejor manera posible. Sacando a la luz aquellos recursos que ni siquiera sabías que tenías pero que, en situaciones de crisis y límite, si se les permite, suelen salir. Cada uno tiene su propia sabiduría para crecer y superarse en estas circunstancias. No pierdas la oportunidad de dejar salir tu mejor versión.