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Por qué es tan pequeño el paso del amor al odio

Por qué es tan pequeño el paso del amor al odio

Por qué es tan pequeño el paso del amor al odio

La fase del enamoramiento

El enamoramiento es una fase en la que nos sentimos mejor que nunca. Estamos llenos de energía, todo nos parece que adquiere una luz especial y ya casi ni necesitamos comer ni dormir. Vemos a la persona de la que nos hemos enamorado con todas las cualidades del mundo: divertida, guapa, inteligente, y un largo etcétera. Necesitamos saber constantemente acerca de ella, es como si de repente todo girara en torno a esa persona que acabamos de conocer o que hemos empezado a ver con otros ojos.

Las hormonas están literalmente revolucionadas y nos ayudan totalmente en este proceso de fusión, lo que también influye en las relaciones sexuales.

La idealización en el amor

Nuestra percepción de la otra persona está muy cerca de la idealización, lo que nos lleva a tener una visión distorsionada. Necesitaremos, dependiendo del caso, entre 15 y 18 meses para que nuestro cerebro nos permita ver la “realidad”.

La realidad después del enamoramiento

Una vez pasada la fase de enamoramiento, tampoco llegamos a ver la realidad del todo. Siento ser aguafiestas, pero lo que suele ocurrir es que empezamos a conectar con nuestros miedos, heridas, inseguridades y creencias sobre las relaciones o sobre lo merecedores de ser queridos que nos hayamos creído a lo largo de nuestra vida.

El impacto de nuestras creencias y miedos

Con el tiempo, dejamos de ver y de escuchar a nuestra pareja y comenzamos a interpretarla según las conclusiones que hemos sacado de ella. Y, ¿qué quiere decir que interpretamos a nuestra pareja? Que la hemos etiquetado, igual que nos hemos sentido etiquetados a lo largo de nuestra vida: soy inteligente o todo lo contrario, divertida o insípida, cabezota o adaptable… Dejamos de ver a la pareja como un ser lleno de posibilidades y la vemos como alguien estático con etiquetas impresas a fuego.

Las consecuencias de las etiquetas en la relación

Al interpretarnos mutuamente, algo empieza a apagarse en la relación. Dejamos de sentirnos vistos, escuchados y, por lo tanto, valiosos y amados. Ya solo somos compañeros de casa o padres de unos niños. En ese momento, necesitamos que nuestra pareja cambie para que volvamos a sentirnos bien. Empieza una cuesta abajo que, dependiendo del caso, puede durar años o unos pocos meses. Hasta que nos acercamos a la ruptura, en la que se multiplican esas etiquetas y las discusiones son constantes. Prácticamente ya no escuchamos al otro, solo lo suficiente para prepararnos para contraatacar porque, sin darnos cuenta, nos hemos metido en una guerra por quién tiene ‘la razón’. El fuego de la pasión se ha convertido en apatía o en rabia.

La solución: ver a la pareja como un ser en evolución

Pero ninguna de estas dos maneras de estar en una relación es ‘la realidad’. Debemos aprender a ver a la persona que tenemos enfrente como un universo lleno de posibilidades y como un/a compañero/a de vida, para convertirnos ambos en la mejor versión de nosotros mismos. Esto no se puede dar ni si idealizamos al otro ni si proyectamos en él todos nuestros miedos y heridas.

Desaprender para tener relaciones plenas y conscientes

Si queremos tener relaciones plenas y conscientes, en primer lugar, debemos desaprender la manera en que la sociedad y la cultura del amor romántico nos ha enseñado a relacionarnos. Y ahí se abrirá un mundo de posibilidades para que podamos crecer y avanzar juntos por la vida.Si quieres mejorar tu relación de pareja, te invito a contactar conmigo. Soy Delia Pop, psicóloga de parejas, y quiero ayudarte.



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